
Entre la Plaza de Chueca y la Gran Vía encontramos este restaurante que reinventa el concepto de los noodles, ofreciendo una enorme variedad de fideos, tallarines y spaguettis combinados con ingredentes como el cilantro, leche de coco, pollo, gambas, etc. Su local es moderno, bastante minimalista en tonos madera, blanco y rojo. Detrás de su escaparate se sitúa la barra y tras esta, siguiendo el estilo londinense, una serie de bancos corridos con grandes mesas en la que los comensales se sientan indistintamente.
Su carta, teniendo en cuenta que se trata solo de noodles, es bastante amplia, encontramos por ejemplo: noodles de pasta frita con pollo y vegetales (pasta fina crujiente, 7,80€ ), noodles de soja con gambas y vegetales (6,90€), etc. La carta especifica los que son picantes y los platos preferidos de Circus.

En la calle Pelayo 4 encontramos este mexicano que reinventa la comida típica del país hacia el minimalismo y la deconstrucción de sus platos. En el escaparate que cubre la pequeña fachada de Tepic vemos dos grandes cactus redondos que nos anticipan lo que encontraremos al entrar en el restaurante; una vez dentro, después de un pequeño hall, llegaremos a un pequeño salón donde predomina el color blanco en todas sus mesas y sillas, junto con algunos toques de verde y rosa fluorescentes. Su público en general es similar al de los locales de la zona, jóvenes entre 25 y 35 años que suelen cenar antes de salir a tomar algo, si bien, por el tamaño pequeño de las mesas y del comedor lo recomendaría sobre todo para parejas ya que sino puede resultar algo agobiante.
Entre su carta encontramos típicos ingredientes y sabores mexicanos como el aguacate, chiles, frijoles o nachos pero situados con esmero haciendo nuevas formas . Si visitamos Tepic podremos degustar por ejemplo: Acapulco tropical ( taco con piña, jamón, queso y carne, 13,90 €), taco vegetariano ( 12,90 €) o Enmoladas ( tres tortillas de mole poblano, 10,90 €). Entre sus postres probamos la mouse de coco con coulis de mango (5,90€) que no nos gustó mucho porque la textura era más bien la de una cuajada. Una cena para dos puede salir por unos 40€, ligeramente más caro que el resto de la zona si tenemos en cuenta además que el tamaño de los platos es más pequeño.

Por petición popular masiva me veo prácticamente obligada a comentar este local, que ya se ha convertido en un auténtico clásico de Madrid. Es un sitio bullicioso, con mucho ruido, gente de todo tipo (especialmente jóvenes), prácticamente imposible encontrar asiento o llegar siquiera al fondo porque no se cabe; aunque el Tigre es no apto para quién se agobie con facilidad, tiene un encanto especial que atrapa a su fiel clientela. La decoración del local, es la propia de una sidrería, aunque bastante descuidada, resulta curioso el ambiente y la gente que va a un espacio tan aparentemente carca.
A pesar de que en esencia se trata de una sidrería, la característica principal de El Tigre son las enormes tapas que ponen gratis con cada bebida. Cuando decimos enormes, queremos decir, prácticamente las más grandes de todo el centro de Madrid. Si vamos a tomar algo con una amigo y pedimos dos cañas (al increíble precio de 1,5 € cada una) nos servirán gratis un buen plato consistente por ejemplo en dos canapés de tortilla, dos de queso con salmorejo, dos de salchichón, 2 empanadillas y dos croquetas, además por si fuera poco seguramente también nos pondrán otro plato de patatas bravas.

Siguiendo la tendencia del concepshop londinense, encontramos este interesante local multiespacio en el que se combina restaurante/lunch, tienda groumet, ropa, complementos y tendencias varias. La característica general de Isoleé (“aislado” en francés), es la modernidad y el gusto por las tendencias desde una óptica bastante refinada. El local hace esquina y es accesible tanto por la calle Barbieri (tienda de ropa y tendencias de alimentación) como por la calle Infantas (Restaurante).
Centrándonos en su área gastronómica encontramos un pequeño restaurante-cafetería, de aspecto informal pero muy moderno, consigue una astmófera muy agradable ya que todo es de color blanco excepto algunos toques verdes de plantas interiores. Las distintas mesas (pequeñas, para dos comensales) se sitúan entorno al sofá corrido que rodea toda la pared de la estancia. La luz también es protagonista de Isoleé a través de alógenos y focos indirectos.

Para continuar con nuestra ruta por la Madrid Restaurant Week nos sumergimos en el mundo de fusión del restaurante Asian Next Door. Junto a la tienda de decoración, Asiana , podemos encontrar este local anexado con el que comparte estética y ambiente; a pesar de que su nombre tiene notas asiáticas preferimos describirlo como exótico en general ya que tiene notas de la cocina peruana, brasileña, india y vietnamita.
Su decoración tiene aires coloniales: plantas de interior junto con muebles y grandes mesas de maderas exóticas que dan un aire cálido y místico al mismo tiempo. Es curioso porque todo el mobiliario etc del Asian Next Door está en venta para los comensales que lo deseen. Destacaría su vajilla de cerámica, muy bonita en todos que van desde el negro al blanco pasando por el marrón y los colores tierra. Sin embargo a pesar de que también tienen servilletas de tela, no ponen manteles en las mesas lo cual resta bastante calidad al restaurante.
Darío Barrio demuestra en Dassa Bassa porqué es uno de los mejores chef del momento; en su restaurante encontraremos platos de autor sencillos y muy sabrosos en un entorno luminoso y sofisticado.
Ya podemos disfrutar en la capital de nuestra Madrid Restaurant Week, en esta semana podremos disfrutar de los mejores chefs de lujo a precios asequibles.
En Patacón Pisao encontramos una muestra de la cocina Colombiana, sencilla pero sabrosa y muy exótica. Su agradable local lo convierte en una buena opción para quien busca algo diferente.
Babú es uno de los restaurantes que más nos han desconcertado, sobre todo por el ruido, sus colores chirriantes y sus platos “raramente cocinados”.
Su estética no deja de sorprender, Pink Shushiman es el japonés más moderno de Madrid.