La Comilona

Los mejores restaurantes de Madrid (y los peores)

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Ottocento, aires de fusión italo-argentina

Ottocento, aires de fusión italo argentina

San Marcos y Libertad. Esquena gastronómica por excelencia en el corazón de Chueca. Durante décadas o mejor a 50 años, en una de ellas abrió sus puertas Carmencita, fundada en el lejano 1850, una de las tabernas con más solera de Madrid.

En ese largo tiempo, Carmencita destacó no sólo por el color rojo de su fachada, atrayendo a una clientela de artistas, toreros, escritores y, cuenta la leyenda al mismísimo rey de aquellos tiempos, por su excelente cocina. Pero los avatares económicos hicieron que Carmencita, hace sólo uno pocos años (creo que en 2006) cerrara sus puertas.

El temor fue que, por esas cosas de los negocios, preocupados los empresarios sólo por el exagerado beneficio económico, la convirtieran en una de esas neotabernas minimalistas, de ambientes blancos, metalizados y fríos y de atención rayana en el maltrato, que aparecieron en Madrid por esos tiempos.

Por suerte, el local renació de la mano de Guillermo Pepe y Martín Mercado, que reinventaron la taberna. “La idea fue aglutinar la tradicional Carmencita, con una decoración ecléctica, personal y cálida, recuperando muebles y elementos decorativos de la antigua taberna”, recuerda Guillermo. Y por los resultados finales, no sólo lo consiguieron, sino que también lograron crear un local con personalidad propia que singulariza, a su manera, una esquina histórica, esta vez con un intenso y atractivo color azul y un nombre sonoro, Ottocento.

De Carmencita quedan en el interior el castizo azulejado, algunos a la vista y otros cubiertos con paneles de tela, la preciosa barra con sus típicos azulejos, las molduras del techo, la lámpara de araña y las barras metálicas que servían de percheros a la clientela. También la nueva decoración ha logrado recrear un ambiente cálido con cierto aire tradicional.

Hoy, el local está decorado en diferentes tonos de azul, con frases impresas en las paredes junto a las fotos de los personajes famosas que las dijeron, Picasso, Richard Brason y Vitorio Gasmann. La mesas, con velitas, están lo suficientemente separadas entre sí como para permitir la charla más intimista.

Guillermo define la cocina de Ottocento como “italiana desde una perspectiva argentina, que consiste en platos italianos recreados a la argentina, como por ejemplo las milanesas a la napolitana o la fugaceta (de queso y cebolla en masa de pizza) o el provolone a la parrilla. Una cocina nacida de la fusión provocada por los inmigrantes italianos en mi país”.

La carta está basada, principalmente, en rissotos, pastas a la italiana y carne de origen y corte argentino, como el excelente bife chorizo.

No es la primera vez que voy a Ottocento, aunque reconozco que un cambio de carta, en la que sacaron las empanadas argentinas, me llevó a discontinuar mis visitas. Ahora, ¡por fin! Han reparado esa ausencia y las han vuelto a colocar en carta. ¡No dejéis de pedirlas! Las ofrecen en tres gustos: de carne, de humita (ralladura de granos de maíz con bechamel, que en Argentina llaman salsa blanca). Un sabroso y étnico entrante. No son empanadillas. Se llaman empanadas y son típicas y muy populares en Argentina. Por supuesto, la carta trae otras sabrosas alternativas, por ejemplo uno que me gusta, el provolone a la parrilla. Dorado y algo crujiente por fuera, cremoso por dentro. Como la vida misma.

Como segundo, Guillermo aconseja pasta, papardelle (largos y anchos) con muzzarella de búfala y pisto de tomates secos o el rissotto del bosque. Muy sabrosos y ambos al dente, a la italiana. Para mí, el bife de chorizo, lo que aquí llamamos chuletón, bien hecho por fuera y colorado por dentro, con salsa chimichurri, acompañado con ensalada. Otro segundo que me gusta son las milanesitas a la napolitana (filete empanado, frito, cubierto por queso con salsa de tomate pasado por el horno). Muy sabroso.

Como postres, ofrecen algunos clásicos y es aconsejable compartir dos o tres, si son varios comensales. El más atractivo es Volcán de Chocolate (chocolate en tres texturas y una columna central también de chocolate negro, con chocolate blanco derretido y tarta tibia. ¡Una verdadera erupción volcánica! Personalmente, me decanto por el tradicional panqueque de dulce de leche, un dulce que es mi debilidad. Es una creppe rellena con ese dulce. Después, se puede pedir cócteles de una poco extensa carta, pero rendidora: mojito, daikiri, ging tonic tradicional, vodka, etc. (7,50€ cada copa).Un buen final.
Durante la semana y al mediodía, ofrecen un menú con entrante, segundo, postre o café, de la carta a 12€.
Dato importante. El servicio de sala es estupendo. Correctos, amables. Simpáticos. No es poco.

Ottocento
Libertad, 9 (Metro Chueca y Banco de España)
Tel. 91 521 6904
Almuerzos: Martes a sábados 13.20 a 16.
Cenas: Lunes a Sábados 21 a 0.30
Cierran Domingos
Precio aprox. 25€
Ottocento

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